Escapada a Irlanda

Domingo 09-03-08
Ardara – Glengesh Pass - Glencolumbkille - Slieve League - Donegal - Dublín

Salimos de Ardara para recorrer la pequeña península que queda al oeste, antes de ir a Donegal. Primero hay que atravesar el paso de montaña de Glengesh que ofrece unas bonitas vistas del valle, en compañía de las ovejas que tranquilamente pastan por los campos. Lo más espectacular son los acantilados Slieve League. Todo el recorrido merece la pena, pero sin duda estos acantilados, los más altos de Europa, te dejan impresionado. Los últimos kilómetros hasta llegar son de infarto, poco recomendables para el miedo a las alturas, y las vistas desde el acantilado no hay que perdérselas. Se llega por una carreterita que sale desde Carric y hay que estar atento para no pasarse el desvío.

Llegamos a Donegal para comer. El centro turístico del pueblo se visita rápido paseando tranquilamente y la oferta de restaurantes y pubs es bastante buena.

Nuestro siguiente destino es Dublín y nuestro objetivo hacer una ruta aprovechando para parar en varios sitios interesantes por el camino. Pero..., ¡sorpresa!, nuestro Fiat Punto, que había empezado a hacer unos ruidos sospechosos hacía unas horas, nos da una desagradable sorpresa y en mitad de una rotonda oímos un extraño estruendo que no sabemos de dónde viene. Tenemos que parar en medio de la carretera y enseguida un amable irlandés que viaja con su hijo se detiene para ayudarnos. Se ha roto el tubo de escape y tenemos que ir marcha atrás hasta una isleta, llamar al servicio de asistencia en carretera y esperar pacientemente a que alguien nos ayude. Un policía que aparece por allí para el tráfico para que podamos esperar en el parking de un centro comercial. Al cabo de 3 horas y unas cuantas llamadas telefónicas aparece un mecánico que arranca a golpes el silenciador del tubo de escape y nos lo da para que lo guardemos ¿¿ :-O ?? Como no hay oficina cercana de Budget, acabamos conduciendo hasta el aeropuerto de Dublín como si estuviéramos en un circuito de Formula1, o más bien cual macarras deseosos de llamar la atención rugiendo motor, donde nos cambian el coche por un Micra bastante más nuevo y en buen estado. Sin duda, en las tres horas de espera se nos pasan por la cabeza cientos de posibles finales de nuestro accidentado episodio, pero al final todo acaba bien y damos gracias por que el coche se haya roto en plena civilización y no en compañía de mansas ovejas...

 

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Escapada a Irlanda 2008

 

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