Bretagne, bajo coste, alojamiento barato

11 de septiembre

Pasamos nuestra primera noche entre la calma de la casa perdida por los campos cercanos a Pont Aven. No hay ni un solo ruido. En el desayuno la anfitriona nos da explicaciones de los sitios que podemos visitar, mostrándonos fotografías, folletos, planos... esto es mejor que cualquier oficina de turismo!!. Muestra mucho interés y está muy bien informada, todo un detalle.

De momento nos dirigimos a Pont Aven, por una de las riberas del río que desemboca en el mismo pueblo discurre el "Le Bois de l'amour" y durante una hora nos dedicamos a recorrerlo, es un agradable paseo y a primera hora todavía lo puedes hacer en soledad, al volver ya es otra cosa, porque nos cruzamos con bastante gente que estaba haciendo el mismo recorrido, así que perdía el romanticismo que pudiera tener.

Después del paseito andando decidimos que es buena idea coger un barquito (Las Vedettes)que nos lleve hasta el Atlántico desde el propio pueblo. Lo cogemos y podemos ver unas casas impresionantes de verdaderos ricos, castillos incluidos que jalonan el río a izquierda y derecha. Las explicaciones están traducidas al inglés y al alemán, pero ni rastro de español. Los españoles no venimos mucho por esta zona o los franceses no piensan en nosotros...

Al terminar el recorrido (de 1 hora y media mas o menos), no podemos aguantar más y caemos en la tentación de comprar unas galletas en una de las miles de biscuiterías que existen en el pueblo.

Por la tarde cogemos el coche para ir hasta la Pointe du Raz, un cabo en el que se nos promete unos paisajes espectaculares. Al llegar, primera decepción, hay que pagar 5 euros (estés 5 minutos o 10 horas) por aparcar!. No entendemos que sea algo que valga tanto la pena así que nos dirigimos a la Punta de Van (que está al lado), en la que todo es gratis y el paisaje es prácticamente igual. Hay varias playas por esa zona y tienen bastante buena pinta, pero no vamos preparados y al ser septiembre tampoco apetece mucho darse un bañito. De todas maneras nos damos un paseo por unos caminos bien señalizados y disfrutamos de la costa bretona y sus acantilados.

Dejamos los cabos y nos dirigimos hacia Douarnenez y Locronan. El primero está prácticamente desierto y no detectamos ningún encanto especial. El segundo, es un pequeño pueblo medieval bien "conservado" o reconstruido con comercios y bares por todas partes. Nons recuerda a Carcassone, un pueblo en dónde el turismo ha conseguido cargarse el pueblo propiamente dicho, así que lo rebautizamos como "Locrossone" y ese será el nombre para todos los pueblos de este tipo a partir de ahora.

Para terminar el día nos acercamos hacia una "station Balneaire", que es como llaman los franceses a una playa con urbanizaciones cerca. Acabamos en las playas blancas de Big Meil, la arena es increíblemente blanca, es como sal gorda y está llena de mejillones, algas y conchas de diferentes tamaños y colores. Nos tiramos a la bartola un rato para descansar de tanta piedra y nuestros cuerpos lo agradecen.

Por la noche nos dirigimos a Concarneau, llegamos justo al atardecer y vemos una estampa muy bonita al reflejarse el sol en las casas de la bahía. Elegimos para cenar una brasserie pizzeria en el mismo puerto y acertamos. Nos dan unas pizzas "típicas de allí" muy buenas.

Al llegar a nuestra "casa" observamos que somos ya los últimos en llegar y eso que son las 22:30. Estos franceses no aprovechan el día!!

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Viaje a La Bretaña 2005

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