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15 de Julio de 2006 - Cracovia - Zalipie

A partir de hoy tenemos un coche alquilado, lo recogeremos en Cracovia y lo devolveremos en el aeropuerto de Katowice sin coste adicional. La compañía es Budget. Antes de ir a recogerlo hemos desayunado en una pastelería cafetería cercana al hotel y enfrente de la parada del tranvía que debíamos coger para llegar a las oficinas de Budget. Allí hemos probado dos típicos postres polacos, uno de ellos se parecía al típico bollo suizo con la parte central cubierto de crema, pero resulta que en este caso lo amarillo era tarta de queso!. Otro de los postres era una especie de torta rellena de algo que parecía chocolate pero que era pasta de amapolas. Esto último lo hemos visto en muchos sitios y no supimos identificarlo hasta que la dependienta amabilísima nos lo dijo.

Después de desaayunar hemos cogido el coche, un Chevrolet Aveo naranja eléctrico totalmente nuevo y sin pensarnoslo dos veces nos dirigimos a descubrir la región de Malopolska (Pequeña Polonia).

Coche alquiler Polonia, cruzando rio

 

En esta región existen varias iglesias de madera recientemente declaradas Patrimonio de la Humanidad y como primera parada nos dirigimos hacia Lipnica Murowana. En el trayecto comprobamos que todo lo que habíamos leído y oído sobre las carreteras polacas era un poco exagerado. No se puede decir que estén fatal, solamente un poco mal, pero vamos, que se puede conducir perfectamente sin ningún peligro. A nosotros nos recordaron a la carretera del Pantano de Yesa antes de arreglarla, carreteras con baches, pero nada mas. Para poder orientarnos nos hemos comprado un librito con los mapas de toda Polonia por 2 euros en un carrefour en el que también hemos comprado la comida del día. Gracias a ese libro llegamos a la primera iglesia de nuestro recorrido. La verdad es que nos sorprendió mucho, por fuera era mejor de lo que imaginábamos, todo estaba muy arreglado e incluso había algún cartel en español explicando la historia de la iglesia, pero lo que realmente nos sorprendió fue el interior. Toda las paredes estaban pintadas por el interior, había multitud de figuras de santos y de vírgenes y todo era un poco tétrico pero muy bonito. Por supuesto estaba prohibido hacer fotos en el interior!.

En el camino hacia la siguiente iglesia de madera, observamos varias cosas curiosas. La tracción animal se sigue utilizando en el campo, tanto para tirar de carromatos como para trabajar el campo. También observamos que muchas de las casas están habitadas pero sin terminar de construir la fachada y sin barandillas en los balcones pero con un jardín muy arreglado. Preguntando por ahí, descubrimos que no las acaban por falta de dinero y no como algún truco para pagar menos impuestos que nuestras mentes pícaras ya habían ideado. A los lados de la carretera hay multitud de niños vendiendo a los conductores, frutos que previamente han recogido en el campo. Toda la estampa es muy curiosa y nos inspira confianza. Visitamos la iglesia de Binarowa, que era parecida a la anterior, comemos a los pies de otra iglesia de madera y nos vamos hasta Tarnow para tomar el café.

Tarnow es una ciudad no muy grande con la forma característica de las ciudades polacas. La parte vieja está muy arreglada y nos sentamos en una terraza de la Rynek Glowny (la plaza mayor). La visita no da mucho mas de si y nos dirigimos hacia Zalipie, hemos leído en las guías que Allí adornan las casas con unas pinturas de flores muy curiosas.

En Zalipie vimos las casas adornadas y cuando ya nos íbamos, un poco apenados por no poder acercarnos a ninguna (están dentro de cada terreno de la casa), una mujer nos hizo parar y mediante gestos nos indicó que tenía las llaves de una casa y que nos la iba a enseñar. La mujer no hablaba nada que no fuera polaco así que era imposible la comunicación verbal. La llevamos en coche hasta la casa que ella decía y pudimos ver que por dentro siguen estando adornadas con los mismo motivos que en sus fachadas. Nos despedimos de la mujer y emprendimos nuestro camino de retorno a Cracovia.

Ha sido un día muy intenso, y muy bonito, hemos descubierto la verdadera Polonia. La vida en las ciudades es prácticamente igual a la de cualquier ciudad española, pero en el campo si que hemos notado unas diferencias muy grandes. Se respiraba un ambiente muy seguro y confiado en todo el campo y todo el mundo te dedicaba una sonrisa.

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